Madrid, 14 Junio 2011 (José J. Martín/Finanzas) – La respuesta no es fácil porque tampoco es sencillo ni obtener los precios ni calcularlos de forma homogénea, pero les adelanto que la industria del automóvil tiene la respuesta en ambos casos.

En lo que respecta a los metales preciosos, los precios de la joyería nos podrían hacer pensar que son el platino, el oro y la plata, además por ese orden, los más caros, pero eso no es así ni por asomo. Lógicamente, el paladio y el rodio no se utilizan en la industria del lujo, pero eso no los hace más baratos.

A pesar de que el oro cotiza en máximos récord por encima de los 1.500 dólares la onza, no es el más caro. Tanto es así, que sólo supera en precio a la plata y al paladio (800 dólares). Sus 1.500 dólares se quedan cortos ante los 1.800 del platino y muy cortos ante los 2.100 dólares del rodio.

Este último debe su precio única y exclusivamente a la industria del automóvil -para la que resulta imprescindible.

Convertir los precios de los metales preciosos a dólares/kilogramo establece las diferencias con los metales industriales. Por lógica, los metales más caros se venden en unidades de peso menores, pues un kilogramo de plata superaría los 1.000 dólares. Esta comparación, no obstante, no vale para los metales industriales, pues los que cotizan en libras no son más caros que los que cotizan en kilogramos o toneladas.

Las complicaciones vienen, en primer lugar, a la hora de pasar a kilogramos los precios de los metales que cotizan en libras (por ejemplo, arsénico, bismuto, cadmio, selenio o tungsteno) o los de los que cotizan en toneladas (por ejemplo, magnesio, manganeso, sílice, cobalto o antimonio) así como a la de convertir los precios de algunos metales que cotizan en ‘renminbis’, en dólares. En este caso, las cotizaciones del disprosio, terbio y europio se extrajeron de la página web www.asianmetal.com ya en dólares. También obtuve allí los precios en dólares/tonelada del lantanio, cerio, praseodimio, neodimio e itrio.

Las cotizaciones en dólares de los demás metales industriales provienen de la página especializada www.metalprices.com

El metal industrial más caro del mundo

A primera vista, puede parecer que son los metales que se compran y venden por  toneladas los más caros. Por ejemplo, el sílice cotiza en los 2.450 dólares, el magnesio en los 2.950 dólares, el antimonio en los 16.400 dólares o el manganeso en los 3.494 dólares, pero no es así. Tampoco son los más caros los más negociados, pues el cobre se paga a 4,2 dólares la libra, el aluminio a 1,3 dólares o el titanio a 3,7 dólares.

Los más caros son aquellos que tienen una aplicación tecnológica más concreta y resultan escasos. La demanda de los más caros es elevada y procede de una industria fuerte coincidiendo con escasez en la oferta, bien porque no hay metal suficiente o bien porque su producción exige niveles de pureza muy elevados.

Niobio

Así, el disprosio, clave en la industria de la generación eólica, el germanio o el indio, claves para la industria solar o la fabricación de pantallas táctiles (indio), el niobio, indispensable para la industria aeronáutica, el galio, del que se fabrican las pantallas LED o los diodos láser, o el renio, capital para el sector automoción, son los metales que alcanzan los mayores precios del mercado.

El kilogramo de niobio se paga a 44 dólares, el de disprosio a 512, el indio a 680 dólares, el galio a 880 dólares, el germanio a 1.000 y el renio, el más caro del mundo, a 3.900 dólares.

Un último punto técnico que explica los mayores precios de algunos de estos metales es el hecho de que no se extraen por sí solos, que no existen minas de renio, germanio o de indio por ser más claros, pues son minerales colaterales (‘byproducts’) de las minas de plomo, zinc y cobre, respectivamente, por lo que dependen de que exista demanda de otros metales para que ‘surjan’ y aumente su producción, según apuntan en la US Geological Survey. Si no hay demanda de cobre, no habrá producción de renio, por ejemplo.

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Marion Mueller es la fundadora y co-editora de OroyFinanzas.com desde 2004.