(OroyFinanzas.com) – Se acerca el día de la verdad, el 2 de agosto, y todavía republicanos y demócratas no han llegado a un acuerdo sobre qué diantres hacer con el techo de la deuda pública en Estados Unidos (debt ceiling). Unos, mayoría de tendencia demócrata, dicen que si no se aumenta el techo EEUU podría sufrir problemas muy graves en el corto plazo, e incluso se habla de suspensión de pagos (default) por un tiempo.

Varias reflexiones y una serie de enlaces a artículos de los dos últimos años sobre la situación de finanzas públicas de Estados Unidos.

La primera: ¿para qué carajo existe un techo a la deuda pública si siempre que se acerca a él se consigue aumentar? ¿Qué límite es ése? Parece una engañifa más de los políticos, como la del Pacto de Estabilidad y Crecimiento europeo según el cual los gobiernos no debían tener déficit mayores del 3% ni superar en un 60% el ratio deuda pública/PIB (o como la de tener desde el BCE una referencia de no aumentar la tasa de crecimiento de la oferta monetaria en más de un 5%, cuando en realidad crecía al 10%). Nos quieren hacer creer que pueden controlarse autónomamente, que pueden cumplir una serie de objetivos pre-establecidos que limitan su acción.

La segunda: algunos parecen querer decir (implícita o explícitamente) que los problemas potenciales graves se deben a que los republicanos no quieren aumentar el techo de deuda; que subiéndolo el gobierno estadounidense podrá hacer frente al futuro con solvencia. Esto es ilusorio. EEUU debe sacar un plan de ajuste de los gastos públicos importante para asegurar su solvencia. Los problemas no se deben a una medida que autoimpone límites al crecimiento de la deuda, ¡los problemas se deben al crecimiento desbocado de la deuda! ¿Qué vas a resolver aumentando el techo? En el mejor de los casos ganar tiempo. Pero ya deberíamos estar cansados de este tipo de medidas que tratan de ganar tiempo. En la Unión Europea es lo que se ha venido haciendo desde el comienzo de la crisis de deuda soberana, y nada se ha solucionado, sino al contrario, se han agravado las cosas.

Ya en Septiembre de 2009 escribía en Libertad Digital a raíz de unas advertencias de Nouriel Roubini:

De seguir financiando el déficit emitiendo más deuda en forma de bonos del Tesoro, Roubini advierte de que el riesgo y el precio de poder obtener financiación aumentará e, incluso, el riesgo de impago de esa deuda. Tampoco descarta el que la calidad de la deuda soberana estadounidense sea rebajada por las agencias de rating, como ya lo han hecho con países como Grecia o Irlanda.

Incluso llega a equiparar esta situación de gasto y endeudamiento desaforados al esquema piramidal Ponzi: “Cuando los gobiernos llegan al punto donde están pidiendo prestado para pagar los intereses de esa deuda, se están acercando peligrosamente a dirigir un esquema Ponzi soberano”.

En este sentido, advierte: estos esquemas acaban mal, y para salir de ellos hacen falta medidas dolorosas. Seguir en esta dinámica podría poner en peligro la misma viabilidad del gobierno norteamericano como prestatario soberano.

En Diciembre 2009 el país vecino, Canadá, se mostraba preocupado por la situación insostenible de EEUU en materia de deuda y déficit. En Febrero 2010, Dominick Armentano se preguntaba ¿Podrían los EEUU impagar su deuda?.

En Marzo de ese mismo año me preguntaba yo mismo si aguantarían las finanzas públicas norteamericanas, hablando de una noticia de esos días de cómo Moody’s amenazaba de que podía rebajar la calificación de su deuda. Concluía mi columna:

Entonces, ¿aguantará Estados Unidos? En estos tiempos pocas certezas acerca del futuro pueden sostenerse, y esta cuestión no es ninguna excepción. Lo que sí parece cierto es que la probabilidad de default de la deuda norteamericana ya no es cero.

Aunque ciertamente, tampoco le haría ningún mal la administración Obama el sobreestimar la posibilidad de impago, si ésa es la única forma de garantizar una pizca de disciplina fiscal.

Bueno, si pasa algo desagradable no será porque no se había advertido. Y no será precisamente por no aumentar el techo de deuda, sino por lo que subyace a la necesidad de tener que aumentarlo cada dos por tres… ya se sabe que gastar más de lo que se ingresa durante mucho tiempo no puede sostenerse, y si alguien se empeña, pagará sus consecuencias.

Ángel Martín Oro, Procesos de Aprendizaje

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