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2004 año excepcional para divisas y FOREX

(OroyFinanzas.com) – El balance de este año 2004 que estamos a punto de despedir ha sido excelente en los mercados cambiarios. Sin duda, ha sido un año excepcional para todos los participantes en el FOREX y absolutamente interesante para los observadores y analistas de este fascinante Mercado.

Las plusvalías medias logradas durante este ejercicio han dado un salto que ha dejado perplejos hasta a los más optimistas. Las razones de esta extraordinaria rentabilidad ha sido -¿hace falta que lo repita?-la caída en picado del dólar, que ha permitido que el euro haya vivido un año histórico, logrando cotas récord, impensables para muchos. En efecto, en los últimos meses hemos sido testigos de la mayor y más rápida caída del dólar de toda su historia.

La causa fundamental -y prácticamente única- de este movimiento, ya la sabéis: el déficit fiscal que padece Estados Unidos. Estaremos de acuerdo en que si la economía europea no se ha fortalecido este año, lo que ha impulsado al euro (y a otras divisas como el franco suizo, el yen o la libra esterlina) a alcanzar valores históricos ha sido la propia debilidad del billete verde.

No obstante, el déficit estadounidense no es la única causa de esta interesante debacle del dólar. El anuncio de algunas entidades emisoras de querer reducir el volumen de dólares de sus reservas y de incrementar el de euros –caso de Rusia y China-, así como la subida de los precios del crudo –que este año han alcanzado cotas jamás vistas hasta ahora, contrariamente a lo que ocurrió en los años 80- han ampliado sin precedentes los beneficios logrados por los inversores en divisas.

Analizando lo ocurrido durante los pasados doce meses, vemos que el Mercado del EUR/USD ha mantenido una moderada tendencia alcista a lo largo de todo el año, que se ha intensificado a partir del mes de octubre, después de que la reelección de Bush como presidente de Estados Unidos señalara una continuidad en la política fiscal norteamericana. Posteriormente, el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, daba alas al euro en noviembre al pronosticar una caída de la demanda de dólares en los meses venideros.

Sin entrar en consideraciones políticas, no hay duda de que la reelección de Bush ha intensificado las probabilidades de que Estados Unidos no pueda financiar su elevado déficit por cuenta corriente, a no ser que el dólar siga depreciándose. Y ello a pesar de que el Presidente se mostró el lunes pasado optimista respecto al comportamiento de la economía de su país durante el 2005, renovando su promesa de recortar el déficit a la mitad en cinco años. (Recordatorio curioso: a mediados de los 80, la reducción del déficit norteamericano vino acompañada de una depreciación del dólar del 30%).

En cualquier caso, el problema del déficit comercial norteamericano no es nuevo. La economía estadounidense adolece desde hace ya varias décadas de un elevado déficit. Hasta hace poco los inversores no dudaban de la capacidad de Estados Unidos para refinanciarlo. Pero ahora, las moderadas expectativas de crecimiento en Estados Unidos ponen en entredicho la capacidad del país de sanear dicho déficit, que pronto puede convertirse en insostenible. De hecho, se calcula que en el 2005 el déficit por cuenta corriente norteamericano alcanzará el 5.8% del PIB, lo que, sin lugar a dudas, añadirá aún más presiones sobre el dólar.

Así, pese a las puntuales correcciones que ha tenido el euro (normales, ya que tras el logro de objetivos es lógico que se produzcan reacciones técnicas), su sesgo alcista sigue vivo y, de hecho, ha cumplido fielmente los pronósticos de alcanzar, justo antes de Navidad, la cota de los 1.35 dólares. Y todo sigue indicando que la divisa europea va a continuar su actual fortaleza en los próximos meses.

¿Y si el Banco Central Europeo (BCE) interviene? Los efectos a largo plazo de una intervención son limitados. No obstante, esta medida podría frenar el ansia de los inversores, que siguen colocando sus capitales en una única dirección: a favor del euro. Sin duda, una intervención del BCE tendría más peso si la entidad actuara conjuntamente con otros bancos centrales.

En la Eurozona la fortaleza del euro (como ya he repetido en diversas ocasiones) perjudica las exportaciones y lastra su ritmo de crecimiento económico. Cada día me llegan decenas de correos de exportadores españoles lamentándose del poco margen que tienen para absorber el impacto de la vertiginosa apreciación del euro en sus cuentas de resultados. Y tienen razón, ya que una caída del dólar frente al euro de un 10% implica una reducción media de los beneficios de las empresas europeas de un 5.2%. De todos modos, mis queridos compatriotas españoles, sabed que de los doce países que integran la Unión Monetaria, el más afectado no es España, sino Alemania, donde la reducción media de las ganancias es del 7.3 %. (Ya sé que “mal de muchos es consuelo de tontos”, pero ahí queda el dato).

Desde el pasado mes de agosto, el dólar ha caído un 10% contra las principales divisas, claro síntoma -y parte de la cura- del desequilibrio actual de la economía mundial. Y digo “mundial” porque el problema de Estados Unidos no es sólo de los norteamericanos. Estados Unidos es el primer consumidor mundial, importando mucho más de lo que el país produce, y esta dinámica ha beneficiado a los americanos, que han podido vivir más allá de sus medios. Los tipos de interés en Estados Unidos se han mantenido bajos durante mucho tiempo gracias a que los inversores extranjeros han estado comprando deuda emitida por el Departamento del Tesoro. De hecho, si no fuera por el ingreso de dinero extranjero, los tipos de interés estadounidenses de largo plazo estarían entre un 1% y un 1.5% por encima de su valor actual.

Pero la capacidad de endeudarse sin elevar los tipos de interés no sólo ha sido de gran ayuda para la Administración Bush. También se han beneficiado de este proceder la propia Eurozona, cuyas exportaciones han continuado en voga durante años a pesar de lo ahorradores que son los consumidores europeos y del celo antiinflacionista del BCE; y también ha ayudado a Japón, impidiéndole que cayera en un estancamiento económico mucho más severo.

Por su parte, las economías asiáticas, para preservar el atractivo de sus exportaciones a Estados Unidos, han ligado tradicionalmente sus monedas al dólar (ejemplo de China, Hong Kong y Malasia) o las han cambiado activamente por dólares (ejemplo de Japón, Corea y Taiwan). Ello ha mantenido sus monedas en un bajo nivel respecto al billete verde y les ha llevado a acumular enormes reservas de dólares en sus bancos centrales -actualmente más de 1.8 billones-, en su mayoría invertidos en valores estadounidenses. Es como si los asiáticos hubiesen usado el dinero que les envió Estados Unidos para comprar sus importaciones y se lo hubiesen prestado de vuelta.

En definitiva: los estadounidenses ahorran muy poco, compran mucho y disfrutan de una amplia cantidad de bienes importados. Es decir, se endeudan mientras los demás les proporcionan el capital necesario para ello.

Pero tras alcanzar su máximo en 2002, el dólar ha iniciado una senda bajista y, desde entonces, los inversores extranjeros se están volviendo renuentes a poseer dólares. “En algún momento debe producirse una disminución del apetito de dólares”, advirtió Greenspan en noviembre…

Las cifras hablan por sí mismas: la brecha entre las exportaciones e importaciones y el endeudamiento de Estados Unidos se está volviendo cada vez mayor. Se espera que Estados Unidos adquiera este año préstamos del resto del mundo por 670.000 millones de dólares, un nivel sin precedentes y cerca del doble de lo que los economistas consideramos como “sostenible”.

¿La solución? Buena pregunta… Estados Unidos, ya sea voluntariamente o forzado por los participantes en el Mercado FOREX, tiene que ahorrar más y comprar menos, particularmente si son bienes y servicios de otros países. En contrapartida, el resto de países deben ahorrar menos y comprar más, particularmente de Estados Unidos. La Eurozona, Japón y China necesitan depender más de su demanda interna y menos de la demanda estadounidense. Y ahí (¡atención al dato!) es donde el dólar se convierte en parte del remedio: la depreciación de la monda estadounidense abarata las exportaciones estadounidenses y encarece las importaciones.

No obstante (¿quien dijo que la macroeconomía es una ciencia exacta?) existen un importante obstáculo para que la caída del dólar resuelva el desequilibrio actual de la economía mundial: China. Hasta ahora el gigante asiático se ha negado a dejar que su yuan se aprecie respecto al dólar. Y China es importante, no sólo por su envergadura, sino porque las economías asiáticas son reticentes a dejar que sus divisas fluctúen contra el dólar si China no lo hace primero. Y este es, justamente, el motivo por el que la economía de la Eurozona ha tenido que absorber TODO el impacto de la depreciación del dólar. (Supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que si el dólar se deprecia otras divisas tienen que revaluarse).

Como os decía, tras protagonizar una apreciación desde el inicio de este año, el euro aceleró bruscamente su alza tras las elecciones presidenciales norteamericanas del pasado 2 de noviembre. Luego de alcanzar en mayo su nivel más bajo del año, le ha ganado un 12% al dólar. Y difícilmente esta tendencia cambiará, especialmente si –como se espera- el déficit por cuenta corriente de Estados Unidos -la señal más amplia de la brecha comercial- alcanza un nuevo récord y se reanuda la fuga de capitales.

Ante este panorama, el euro podría seguir subiendo en los próximos meses, aunque su recorrido quedará limitado hasta la zona de los 1.50 dólares. Me explico: el euro se revalorizará aún más durante 2005, pero no más allá de los 1.50 dólares, a pesar de que el BCE podría subir los tipos oficiales en 50 puntos básicos a partir del segundo trimestre del año que viene. En estos momentos es razonable prever que en marzo el euro costará entre los 1.36 y los 1.38 dólares, siendo probable que a finales de dicho año la moneda europea llegue a negociarse en el entorno de los 1.43 dólares.

Técnicamente, el Mercado del EUR/USD se halla claramente sobrecomprado. Aún así, el sesgo de este par de divisas sigue siendo alcista y así continuará mientras no se rompa a la baja el soporte de corto/medio plazo localizado en los 1.3210 dólares por euro. Sólo si dicho piso se pierde podríamos ver correcciones iniciales hasta la zona de los 1.30 dólares por euro. No obstante, de momento el euro se halla en una espiral alcista que no anuncia profundizaciones en sus cesiones. Al contrario, la zona de resistencia ubicada en los 1.3525 dólares por euro está relativamente cerca y es uno de los objetivos inmediatos a lograr.

Ahora bien, esta corriente alcista del EUR/USD no tiene la fuerza técnica como para empujar en línea recta a la divisa comunitaria hasta el objetivo de los 1.40 dólares por euro de un tirón, sin antes corregir. A continuación os detallo los dos escenarios posibles que puede desarrollar la cotización del EUR/USD en el 2005 y los niveles técnicos cruciales en cada uno de ellos:

Escenario bajista: Si el euro rompe a la baja, en cualquier momento, el nivel de los 1.3210 dólares, podemos esperar un retroceso preliminar hasta la zona de los 1.3140/1.3110 dólares por euro, e incluso más abajo, hacia los 1.2955/30 dólares por euro. En cualquier caso, tened presente que el soporte de los 1.3080 dólares por euro es bastante fuerte y no se perderá fácilmente. Sin duda, un proceso consolidativo de estas características sería muy sano antes de que el EUR/USD retome un nuevo «rally» alcista camino de nuevas cumbres vírgenes.

Si, a medio plazo, se pierde (incluso) el suelo de los 1.2930 dólares por euro, entonces el nivel de los 1.2735 dólares por euro pasará a ser un « target » muy viable. Por debajo de este piso, emerge otro atractivo objetivo: el de los 1.2665 dólares por euro.

Escenario alcista: Mirando al «Norte», tenemos una primera resistencia inmediata en los 1.3525 dólares por euro (parte alta del canal de mediados de octubre). Por encima de dicha cota, los operadores pondrán sus ojos (y su dinero) en los 1.3595 y los 1.3710 dólares por euro. Pero el Mercado aún podría extenderse más arriba, hacia el ardiente nivel de los 1.40 dólares por euro y (¿por qué no?) hacia los 1.4190 dólares por euro… e incluso los 1.45-1.4590 dólares por euro (zona de máximos virtuales del año 1995, calculados a partir de los gráficos del antiguo marco alemán). Por supuesto, estos últimos niveles son «targets» de largo plazo que iré confirmando sesión tras sesión, semana tras semana y mes tras mes. A día de hoy, todo indica que el euro se hallará bien soportado frente al dólar en las primeras semanas/meses de 2005. No obstante, estad preparados para correcciones intermedias y consolidaciones técnicas.

Son curiosas las vueltas que puede dar la vida. Mirando el “album de los recuerdos” del euro, vemos que sus comienzos no fueron precisamente fáciles. ¿Recordáis? La moneda comunitaria tuvo su debut en el mercado de las divisas en enero de 1999. Convencidos de que una moneda única fortalecería las inversiones y contribuiría a la identidad de Europa, los once países que conformaban en aquel entonces la Eurozona decidieron emitir el euro con una paridad de 1.16 dólares por unidad.

Sin embargo, bastaron un par de meses para que los inversores, desconfiados por las perspectivas de la Zona Euro, llevaran a la divisa comunitaria a depreciarse casi un 30% frente al entonces poderoso dólar estadounidense. Así, el EUR/USD llegó a desplomarse hasta los 0.85 dólares por euro, en un recorrido bajista que, por cierto, fue también muy rentable. Tan fuerte fue el desplome del EUR/USD, que el BCE se vio obligado a poner en práctica una agresiva política intervencionista con la cual llegó a comprar cerca de 2,500 millones de euros cuando el EUR/USD cotizaba en los 0.8652 dólares por euro. Una situación que, actualmente, se ve muy lejana.

En el 2005 el billete verde se enfrenta a dos grandes riesgos que, por otro lado, pueden también convertirse en interesantes oportunidades de negocio en el Mercado FOREX. El primero de ellos es la posibilidad de un mayor y más rápido declive de la divisa norteamericana, que la pondría fuera de control. Si esto ocurre, seremos testigos de fuertes subidas de los tipos de interés en Estados Unidos, lo que podría provocar un freno de su crecimiento económico.

El otro riesgo es la posibilidad de que el dólar deje de ser moneda de referencia. Siempre se ha dicho que eso ocurriría a largo plazo debido a su exposición, pero quizás ahora empecemos a verlo si hay un colapso de la confianza en el billete verde. (En realidad el problema no sería tanto que el dólar dejase de ser moneda de referencia, como que eso ocurriese de manera brusca). Ironías de la vida: aunque la actual debilidad del dólar se debe a los déficit norteamericanos, éstos existen porque el dólar ha sido tradicionalmente moneda de referencia, permitiendo a Estados Unidos abusar de su privilegio de “firmar cheques” sin tener el efectivo que los respalde.

Una cuestión importante es saber hasta qué punto la pronunciada depreciación del dólar frente al euro y el resto de las “majors” tendrá efectos irreversibles. A mediados de los 80, la caída del billete verde alcanzó al 40% de su valor, hecho que tuvo escasos efectos y fue absorbido con bastante decoro por la economía mundial, aunque también es cierto que pudo ser el preludio cambiario del ‘crash’ bursátil de octubre de 1987.

Sin embargo, la situación actual parece asemejarse más al colapso que sufrió el dólar en la década de los 70, cuando se resquebrajó el sistema monetario establecido en “Bretton Woods”. Como ocurrió en aquel momento, ahora también vivimos tiempos de grandes déficit gemelos estadounidenses, altos precios del petróleo y necesidad de hacer frente a elevados costes económicos de una guerra. Existe, por tanto, un riesgo de que las consecuencias de una fuerte depreciación del dólar sean tan severas como las que siguieron al agotamiento del modelo “Bretton Woods”, es decir, unos tipos de interés muy elevados y una caída considerable del PIB mundial. Un riesgo que, la verdad, muy pocos economistas -y menos gobernantes- parecen contemplar en estos momentos.

¿Y si el euro traspasa con soltura la barrera de los 1.40 dólares? Entonces, la defensa de la economía europea exigiría una reacción del BCE. El euro fuerte le ha venido bien a Europa para contrarrestar el alza de los precios del petróleo, que se factura en dólares. Pero pierde eficacia si la cotización del crudo vuelve a sus cauces más o menos normales. Una divisa europea muy fuerte no tiene justificaciones fundamentales, aunque puede ser el sueño del BCE, vigilante en exclusiva de la tasa de inflación y sin responsabilidad en el crecimiento y el empleo. En cambio, un euro caro es pura pesadilla para las grandes economías europeas exportadoras (como la alemana) y también para los responsables de una economía tan artrítica como la de la Eurozona, que llevan años creciendo a tasas inferiores a la mitad de las estadounidenses.

Pero la situación empieza a ser delicada. El déficit presupuestario estadounidense no da señales de contención. El nerviosismo internacional empieza a calar en algunas latitudes y, de hecho, ya hay indicios de que las inversiones privadas en bonos del Tesoro estadounidense se encuentran en receso, dejando al país en manos de los inversores chinos y japoneses.

Japón y China, probablemente, seguirán comprando (financiando) deuda estadounidense por algún tiempo. Esta codependencia será posible porque a los asiáticos les interesa comprar un papel con menos valor internacional para revitalizar sus exportaciones. Pero también aquí ya se insiste en que en el 2005 la moneda china dejará la paridad actual con el dólar para flotar más libremente.

Esta necesidad de seguir financiando la deuda estadounidense en los mercados exteriores, junto a la insuficiencia crónica en el ahorro doméstico de Estados Unidos, no presagia nada bueno. La coyuntura actual de bajos intereses y el gigantesco déficit estadounidense no se puede sostener a la larga. Paul Volcker, anterior director del FED, ha llegado a decir que las probabilidades de que el dólar entre en barrena en los próximos años son de tres entre cuatro.

Y a este lado del Atlántico, la recuperación de la Zona Euro sigue siendo extremadamente vulnerable. No en vano, ha sido la única zona del mundo que no ha conseguido volver a crecer como en el 2000. Y es que una revalorización del EUR/USD del 10% provoca una merma de entre el 0.3 y el 0.4% del PIB de la Zona Euro en dos años. Este debilitamiento aumenta hasta el 1% en el caso de que el euro se revalorice respecto a las principales divisas mundiales en ese porcentaje. Para el USD/JPY, mi previsión es que mantenga un nivel de 107.50 yenes por dólar en promedio entre el 2004 y el 2005. En estos momentos está en niveles de 103.60 yenes por dólar, y según algunas encuestas recientes muchas empresas exportadoras japonesas habrían cubierto su riesgo de cambio hasta la primera mitad del año. En otros casos, se ha advertido que un USD/JPY en el rango de 100-105 sería aceptable. En mi opinión, el riesgo no se deriva tanto del nivel como de las expectativas que se manejen en su evolución.

Este interesante –y extremadamente popular- Mercado confirmó su tendencia bajista el pasado 11 de octubre, cuando perdió el soporte de los 109.40 yenes por dólar; y la reafirmó tras la penetración del suelo (ahora resistencia) de los 108.95/70 yenes por dólar, momento crucial que llevó a los inversores a marcarse objetivos bajistas tan agresivos -y tentadores para el Banco de Japón- como los 101.25 y 101 yenes por dólar, que se ubican en una fuerte zona de soporte que sigue en pie desde Noviembre/Diciembre del año 1995.

Mientras continúen los rumores sobre la revaluación que debe tener el yuan, el yen seguirá siendo moneda favorita de los inversores para la rentabilización de sus inversiones. Y con razón, ya que las condiciones son las adecuadas para una reforma en el mecanismo del tipo de cambio chino, lo que empujaría aún más al alza al yen a superar los máximos de 4 años que alcanzó frente al dólar a principios del presente mes de Diciembre.

Técnicamente, la puesta a prueba del soporte de los 101.20/101 yenes por dólar es inminente a medio plazo. Una ruptura de dicho soporte (que, repito, es psicológica y técnicamente muy fuerte) nos conduciría hacia la figura de los 100 yenes por dólar, tras la cual el desplome hacia los mínimos del año 1995 (localizados en los 79.70 yenes por dólar) está « cantado »… aunque el mismo puede implicar un proceso de varios meses, dado que las caídas del dólar se verán puntualmente interrumpidas por períodos consolidativos que, cogidos a tiempo, pueden ser muy rentables.

Mientras el área de resistencias de los 106.50/90 yenes por dólar no sea penetrada, la tendencia de fondo del USD/JPY sigue siendo bajista, sobre todo si, además, se supera el techo de los 108.20 yenes por dólar. Si, contrariamente, el cruce del USD/JPY logra romper la base de los 101/99.50 yenes por dólar, el siguiente gran área de soporte aparece en los 94.85/93.65 yenes por dólar, zona en la que, probablemente, el Mercado volverá a rebotar y corregir al alza hasta, aproximadamente, los 102.60/103.55 yenes por dólar (o, estirando aún más, hasta los 105.80/106.65 yenes por dólar). Por supuesto, estos procesos ocurrirán en semanas/meses y os los iré confirmando sesión tras sesión.

Respecto al yuan chino, en el 2005 podría apreciarse entre un 3% y un 5% sin cambios en su sistema de tipo de cambio fijo. Este movimiento, de producirse, restaría protagonismo a la subida del EUR/USD. La verdad es que la evolución de China es una de las principales incógnitas de la economía mundial en 2005. No olvidéis que en este año que estamos dejando atrás este país se ha convertido (junto con India) en nuevo motor de crecimiento, hasta el punto de que, en gran parte, la suerte del dólar está en manos chinas. Porque si China deja de acumular dólares, su moneda se reevaluará y ello acelerará el colapso del billete verde. (Aunque hay tesis que afirman que a China le interesa mantener su actual política para reafirmar su posición en el comercio mundial, por lo que va a seguir acumulando reservas en dólares).

En cualquier caso, a nivel interbancario se empieza ya a hablar de la posibilidad de que China y otros países empiecen a vender dólares, lo que podría desencadenar una crisis financiera de gran escala. Al fin y al cabo, el euro ha tardado menos de lo que se esperaba en tomar un papel como segunda moneda de reserva del mundo.

¿Mis perspectivas macroeconómicas para 2005? La cresta del ciclo de crecimiento ha pasado. Hay varios elementos de fragilidad geopolítica en el horizonte, principalmente el conflicto de Irak, que, a mi juicio, está muy lejos de haber acabado. La fragilidad de la escena política no favorecerá en absoluto al dólar y sí, en cambio, favorecerá las compras de francos suizos y de euros.

Para no extenderme demasiado, os diré que en el 2005 tendremos un dólar deprimido, altos precios del petróleo, baja inflación y, por último, tipos de interés al alza en Estados Unidos, China, y -con menos posibilidades- en el Reino Unido.

Por otro lado, durante el año que viene asistiremos, previsiblemente, a una desaceleración del crecimiento mundial. Y estaremos mirando con gran expectación a China, esperando (¡crucemos los dedos!) que tenga un aterrizaje suave. El Gobierno Chino tendrá que incentivar una desaceleración de la inversión, que crece a un ritmo del 30% anual, lo que podría generar quiebras. En mi opinión, las autoridades chinas están haciendo hasta ahora un trabajo fantástico. El problema es la sobreinversión, que puede acabar provocando un aterrizaje duro. Las zonas de Hong Kong, Shanghai y Pekín van bien; la región junto a Corea y el oeste del país no van tan bien.

Quiero también hacer hincapié en la enorme capacidad de ahorro doméstico de los chinos, que en 2003 ahorraron el 87% de su PIB, algo increíble. Este hecho, junto con el clásico “boom” de las infraestructuras, podría aumentar sus necesidades energéticas en una cantidad equivalente a lo que consume todo el Reino Unido. En octubre, China realizó la primera subida de tipos de interés en nueve años.

¿Y que le ocurrirá a Estados Unidos en este año que entra? Va a abandonar sus políticas de estímulo, va a endurecer su política monetaria y va a contener el déficit. La subida de tipos va a tener impacto en los niveles de liquidez y el precio de las acciones, los consumidores ahorrarán más y gastarán menos y se van a poner en cuestión los precios del mercado inmobiliario.

¿Y en la Zona Euro? El crecimiento está amenazado por el enfriamiento en Estados Unidos y Asia, por la fortaleza del euro, por la escasez de estímulo y por las rigideces estructurales. No creo que suban los tipos en 2005 y es poco probable que el BCE haga algo por el euro. Bueno, matizo y detallo: si en el próximo año el euro oscila entre los 1.20 y 1.30 dólares, el BCE seguramente aumentará los tipos; en el caso de una cotización del euro entre los 1.30 y los 1.40 dólares, los tipos europeos permanecerán en el actual 2%; y si el euro supera los 1.40 dólares, el BCE podría reaccionar con una reducción de los tipos en unos 50 puntos básicos, es decir, hasta el 1.5%, lo que reduciría los atractivos de invertir en euros, quitando así presión sobre su cotización.

En resumidas cuentas, lo que está en juego en el 2005 es la propia consideración del dólar como primera moneda internacional, un papel que desempeñaba desde 1931 -cuando la libra esterlina abandonó el patrón oro- y que luego consagró en 1944, en la Conferencia de “Bretton Woods”, cuando se creó el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Ahora, a las puertas del 2005, sesenta años después, el dólar se encuentra en lo más profundo de su particular depresión, de la que seguramente ya nunca saldrá con la fuerza y la trascendencia que tuvo hasta 1971, cuando era la divisa de referencia en el FMI. En aquellos tiempos, el dólar era la moneda de reserva por excelencia de los bancos centrales, la unidad de medida para fijar los precios de las principales mercancías (oro, petróleo, etc.), y jugaba un rol de “refugio” para los ahorradores. Pero, por aquel entonces, Estados Unidos era un acreedor neto del resto del mundo. Hoy, en cambio, debe 3.3 billones de dólares al exterior, equivalentes al 28% de su PIB, con unas cantidades necesarias de entrada neta de capital de nada menos que el 75% del excedente total de ahorro mundial.

Los economistas sabemos muy bien cuáles son los deberes que Estados Unidos debe hacer: cortar el déficit fiscal actuando sobre gastos (disminuyéndolos) e ingresos (aumentándolos); fomentar el ahorro interno y la inversión con recursos propios; frenar el consumo con mayores tipos de interés; e impulsar la exportación. Si esas pautas no se adoptan, los rendimientos de los “Treasuries” tendrían que subir mucho a fin de atraer capital del exterior, a pesar de la bajada del dólar, con la consecuencia final de un fuerte aumento de los tipos de interés en Estados Unidos, lo cual –como decía más arriba- podría precipitar una recesión considerable, que afectaría a medio mundo.

Sin duda, el dólar tiene ante sí fuertes retos que superar en el 2005. Una vez más, la emoción esta servida en los mercados cambiaros.

Fuente: ACM – Advanced Currency Markets

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