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Zbigniew Brzezinski: La montaña rusa de la economía

(OroyFinanzas.com) – La enorme desproporción existente entre las masas ilimitadas de papel fiduciario que genera día tras día el déficit USA y el insignificante tamaño de los mercados limitados de metales y de commodities va a convertir a estos en una continua y alucinante montaña rusa.

Zbigniew Brzezinski fue Consejero para Asuntos de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, en el periodo 1.977 a 1.981, durante el mandato del presidente Jimmy Carter.

En una reciente entrevista, preguntado por los trabajos de simulación realizados hace cinco años por el Consejo de Relaciones Exteriores USA acerca de los riesgos de un hipotético colapso de los mercados, Brzezinski ha dicho que: aunque ciertamente el riesgo financiero es el que acumula mayor porcentaje de probabilidades de acaecer (mas incluso que las hipótesis nuclear o terrorista), no cree posible que ello tenga su origen en factores internos USA, sino, mas bien, en algún tipo de inesperado cataclismo en la comunidad internacional.

Dicho en otros términos, para Brzezinski, todo está bajo control en los Estados Unidos de América. Los mercados no se hundirán porque se hará cuanto sea necesario para evitarlo. América no puede permitirse esta hipótesis. En suma, se ha hecho de la necesidad virtud.

La necesidad hecha virtud: evitar a toda costa que el hundimiento de los mercados, con el consiguiente estallido de las burbujas de bonos, inmuebles y, en cierta medida también, de los mercados de equities, es la explicación suprema de esta tendencia contra natura de los precios, financiados perpetuamente por un océano de deuda que jamás se va a pagar.

Preguntado sobre la posibilidad de que chinos o japoneses rompan la baraja y decidan en algún momento dejar de soportar el déficit USA exigiendo la devolución de su deuda en otro tipo de activos diferentes de los bonos del tesoro, se manifiesta nuevamente convencido de que tal hipótesis no está en el horizonte del corto plazo. A los asiáticos, al igual que a los propios americanos, les interesa que esta situación continúe, por el momento, para evitar su propio colapso. De nuevo, Brzezinski, confía en que los mayores acreedores americanos sabrán hacer de la necesidad virtud.

En las antípodas de este razonamiento se encuentra la situación de los restantes mercados cuyo crecimiento no depende de actos de voluntad. Los commodities, en particular, el conjunto de fuentes y recursos naturales limitados, el agua, el aire limpio, los combustibles fósiles, los nutrientes, todo aquello que se nos dio gratuitamente a la especie humana y que durante milenios fueron virtud, puesto que de ellos dependía nuestra existencia, y nuestra propia libertad, han pasado por completo a segundo plano en la mayor falacia de los tiempos actuales: la de que estos recursos lejos de ser limitados o estar a punto de agotarse van a durar por los siglos de los siglos. Han dejado de ser virtud, puesto que el estado de bienestar es capaz, aparentemente, de proporcionarlos gratis e ilimitadamente.

Desde tiempos remotos el oro se consideró como la representación simbólica de la virtud: “trenzas de oro”, “como los chorros del oro”, “corazón de oro”, frases hechas, utilizadas tradicionalmente para simbolizar las virtudes de los hombres.

Pero el oro hoy no brilla como virtud excepto en el lenguaje metafórico de los escritores pasados de moda o en la sabiduría tradicional de los ancianos. El oro ha pasado a ser la “bárbara reliquia”, el símbolo del poder oscuro de ciertas fuerzas ocultas enemigas del progreso y el desarrollo. Ha dejado de ser una virtud. Carece por completo de sentido y utilidad y cualquier movimiento significativo al alza de su precio sigue recibiendo el tratamiento “oficial” de mera burbuja especulativa sin fundamento. Así llevamos desde que hace cinco años marcó su mínimo secular, habiendo duplicado desde entonces su precio.

La ruptura de la resistencia psicológica de 500 dólares la onza, como era de esperar, ha desencadenado un tremendo incremento de la volatilidad. Es muy posible que, en lo sucesivo, debamos acostumbrarnos a movimientos de subida y posterior “pull-back”, de 40 y 50 dólares la onza en una semana, tal y como hemos visto en la que acaba de finalizar, sin que ello signifique otra cosa que el oro interesa cada vez a mayor número de participantes.

La enorme desproporción existente entre las masas ilimitadas de papel fiduciario que genera día tras día el déficit USA y el insignificante tamaño de los mercados limitados de metales y de commodities va a convertir a estos en una continua y alucinante montaña rusa.

Para los que gustan de emociones fuertes se ofrece una gran oportunidad de disfrutar (o padecer) con ellas. Para aquellos que esperan la recuperación de las viejas virtudes perdidas, el incremento de la volatilidad es la mejor demostración de que ese tiempo esta cercano. Todo lo que se mueve está vivo.

Tomasillo

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