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Precio del oro: Comprar cuando suenan los cañones

(OroyFinanzas.com) – Los mercados son una fuente inagotable de experiencia. Esto, a veces, se concreta en frases hechas que algunos elevan a la categoría casi de dogmas de fe. Pero no hay dogmas de fe en el mercado. Cualquier cosa que nunca pasó puede suceder por vez primera, cualquier cosa que siempre se repitió, falla estrepitosamente en determinadas ocasiones.

Por tanto, no nos aferremos a las verdades de los demás e intentemos en cada ocasión construir la nuestra propia.

Por ejemplo, uno de los “dogmas” de los “sabelotodos” afirma tajantemente que “no se debe ir jamás en contra del mercado”. Pero si esto fuera respetado a rajatabla por todos los participantes, los mercados alcistas jamás corregirían, mientras que los bajistas acabarían en el cero absoluto. Absurdo.

Se me objetará que cuando se dice que no se debe ir en contra de la tendencia del mercado se debe entender que no es la tendencia aparente, sino la primaria, quedando para ser explicado en una sesión posterior, previo pago de los correspondientes honorarios, en que consiste eso de la tendencia primaria, especialmente cuando el mercado se encuentra jugando al ratón con algún suelo o resistencia de los considerados claves.

Por tanto, lo de no ir en contra del mercado está muy bien, pero siempre y cuando resolvamos la “pequeña” cuestión de saber hacia dónde va el mercado, que es lo mismo que descubrir el problema de la cuadratura del círculo.

Pero existen otros aforismos no menos rotundos, y diametralmente opuestos, al anterior. Me refiero a ese otro que dice: “Hay que saber comprar cuando truenan los cañones, pero vender cuando suenan los violines”. En lenguaje llano: compra cuando todo el mundo vende y viceversa. O sea, exactamente lo contrario del anterior.

El oro ha interpretado algo parecido a uno de esos prodigiosos conciertos para violín de Mozart. Los que pensaron que no se debía ir en contra del mercado, compraron sin cesar, convencidos de que estábamos en subida libre que solo terminaría en el cielo. Se equivocaron. En el cielo terminaremos, pero sucede que todavía no era el momento. Por tanto, todos aquellos que apostaron lo que no tenían, pueden haber perdido hasta la camiseta a pesar de que nos encontramos en uno de los ejemplos más evidentes de mercado alcista que se nos ha permitido vivir.

Otros, simplemente, depositaron sus ahorros de apolillado papel en onzas de oro. Ni una sola de esas onzas ha perdido. Tienen exactamente las mismas onzas que recibieron a cambio de 300, 400, 500 o, incluso, 500 papeles de dólar hace seis años o hace seis meses. No tienen ningún problema. Sus ahorros están a buen recaudo. Siempre y cuando, naturalmente, las citadas onzas estén depositadas en las cajas de una entidad seria y solvente.

Finalmente, los más osados, hicieron caso a aquello de vender con los violines. Tanto les emocionó la música de Mozart que les pudo la tentación de cambiar de nuevo metal por papeles. Por el momento van ganando, no lo discuto. Pero han vuelto a quedar empapelados y, francamente, en los tiempos que vivimos el que queda empapelado, aunque sea de billetes de la Reserva Federal nunca sabe lo que mañana le puede pasar.

Hoy retumban los cañones, cierto. El oro pierde casi otro 10%, después de haber acumulado anteriormente una pérdida del 15% desde su pasado máximo plurianual. Podría suceder que los “seguidores” del mercado sueñen con poder comprar oro a los niveles de hace varios años. Volver a verlo por debajo de 400 dólares. Creo que se equivocan. Tanto como aquél que confundió hace unas semanas los violines de Mozart con las músicas celestiales.

O sea, Mozart es casi divino. Pero le falta el casi.

Tomasillo

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