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¿El dinero es aquello que salda deudas?

(OroyFinanzas.com) – Una de las confusiones más extendidas que existe en economía, probablemente desde que Robert Peel pronunciara aquel absurdo discurso donde restringía el significado de dinero al oro y a los billetes del Banco de Inglaterra (lo que le sirvió para consolidar el monopolio del banco central en contra de la emisión descentralizada de billetes regionales y para prohibir de facto el descuento de letras), es que el dinero es aquello que sirve para saldar deudas.

La mejor refutación que conozco sobre esta falacia es de Henry Dunning Macleod; la traduzco por su genialidad y sencillez. Por lo visto, hay que cargar contra algunos errores en todas las épocas:

Cuando el dinero se intercambia por bienes, no surge ninguna deuda. Y si se quiere decir que el dinero saldaría la deuda que habría surgido de la venta de los bienes, parece perfectamente obvio que eso mismo puede decirse de los bienes, esto es, que la entrega de los bienes salda la deuda que habría surgido de la venta de dinero. Es simplemente un intercambio; el dinero y los bienes saldan deudas de la misma manera. Por lo tanto, si la esencia del dinero es que salda deudas, los bienes son dinero exactamente por el mismo motivo que el dinero lo es. En Londres es bastante común saldar una deuda entregando acciones, por lo tanto estas acciones también serían dinero.

Asimismo, en innumerables casos es frecuente saldar una deuda entregando bienes. Un panadero o un comerciante de se té endeuda con un comerciante de vino y por conveniencia pueden pagarle con pan o té. Si lo hacen, la deuda se salda; con lo cual el pan y el té deberían ser dinero.

Así, en todos los casos de trueque, los bienes en ambos lados de la operación sirven para saldar las deudas que habrían surgido del intercambio; en consecuencia, ambos bienes son dinero.

Es más, intentemos comprobar esta doctrina con otros documentos mercantiles.

Imaginemos que un comerciante pone en circulación su letra de cambio y hay otra persona que le debe dinero por un importe igual al de la letra, y sucede que esa persona termina adquiriendo la letra. Cuando el comerciante le acuda para pedirle el pago, su deudor le entregará la letra. Y así la deuda se saldará; pero según esa doctrina, la letra sería dinero.

Imaginemos un panadero que emite billetes y descuenta la letra de un comerciante. Cuando llegue a vencimiento, el comerciante recolectará billetes del panadero en un número suficiente para pagar la letra. Cada uno estará igualmente endeudado al otro; y el pago se efectuará por derechos de crédito recíprocos: el mercader le entregará los billetes al panadero y éste la letra al mercader. Ambas deudas se saldan, tanto los billetes del panadero como la letra del mercader serían dinero.

Asimismo, si dos mercaderes aceptan sus letras de una misma cuantía y cada una cae en manos del otro, cada uno ofrecerá la letra del otro para saldar sus deudas. De modo, que las letras serían dinero.

La misma doctrina puede aplicarse a otros casos. Supongamos que un hombre compra un ticket de una compañía de ferrocarriles, de modo que la compañía está endeudada con el hombre. Cuando le proporcione el viaje, la deuda se saldará. Según la doctrina, el servicio de trenes es dinero.

Lo mismo si se compra una entrada en la opera; cuando se acuda a la misma, la deuda se salda y el servicio de opera sería dinero.

Y lo mismo si compra sellos de correos. La oficina está en deuda con él y esa deuda se salda llevando las cartas a su destino. Por tanto, el servicio postal sería dinero.

Juan Ramón Rallo Julián

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