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15 de Agosto 1971 y Nixon – Hugo Salinas Price

(OroyFinanzas.com) – Imaginemos que en agosto de 1971 los gobiernos del mundo hubieran decretado que, a partir de esa fecha, todos los automóviles del mundo deberían funcionar usando agua como combustible en lugar de gasolina o diesel. En 48 horas, cuando mucho, se hubiera paralizado el tráfico vehicular en todo el mundo.

La causa – un decreto absurdo – hubiera producido efectos desastrosos en forma inmediata. En los asuntos humanos, que son mucho más complejos, sucede que por lo general las malas decisiones no producen todos sus malos efectos en forma inmediata, sino a través del tiempo.

Hoy el mundo enfrenta un colapso económico sin precedentes, causado por una decisión errada que se tomó hace casi 38 años.

La distancia en el tiempo de 38 años, en un mundo que cambia tan rápidamente como el nuestro, es una gran distancia. Los que pueden recordar la mala decisión de agosto 15 de 1971, y cómo era el mundo económico antes de esa fecha, tienen ahora cuando menos 63 años de edad. Están ya retirados o a punto de retirarse de la vida activa.

Para los hombres que están activos hoy, 1971 es una fecha que está más allá del horizonte de su interés. Para estos hombres, lo que han visto en sus vidas les parece completamente normal; piensan que la vida ha sido siempre tal y como ellos la han conocido. ¿Por qué no ha de continuar así?

Quizás es por esto que todo lo que leemos en revistas y periódicos y lo que vemos en la televisión, no hace mención alguna de la equivocada decisión que se tomó el 15 de agosto de 1971. Tanto gobernantes como gobernados no pueden establecer un nexo intelectual entre una causa, que ocurrió cuando aún vestían pantalones cortos, con su efecto, el desastre económico mundial del presente.

¿Qué sucedió en esa infausta fecha?

Lo que sucedió fue el equivalente de decretar que el agua sirve como combustible para vehículos: por primera vez en la historia el mundo entero comenzó a usar dinero ficticio, papeles que simulaban ser dinero. Esto sucedió cuando el Presidente Nixon de los Estados Unidos, decretó que a partir de esa fecha, el dólar – la moneda central del mundo, sobre la cual descansaban todas las demás monedas del mundo – dejaba de ser redimible mediante la entrega de una onza de oro por cada $35 dólares que le presentaran los bancos centrales del mundo, para su cobro en oro.

El efecto de este acontecimiento ha tardado 38 años en sentirse en toda su enormidad.

A la Naturaleza no le importa que los seres humanos piensen o no piensen; no le importa que tomen nota de causas y efectos, o que los ignoren. No le importa que sean sabios o tontos: la Naturaleza cobra sus cuentas sin piedad. Si no se siembra, habrá hambre. Las discusiones académicas no influyen en la inexorable operación de las Leyes de la Naturaleza.

Los automóviles no se mueven con agua, se mueven con gasolina. Las economías – las civilizaciones mismas – no pueden funcionar con dinero simulado, fraudulento, ficticio e imaginario (en el caso de dinero bancario).

Bien dijo el historiador romano, Tácito: “El hombre que no sepa lo que ocurrió antes de su tiempo será siempre un niño.”

Niños son los grandes gurús de la economía, los grandes directores de las economías mundiales, los grandes presidentes y primeros ministros de las potencias, que no pueden o no quieren reconocer que todo cuanto ha sucedido en el mundo, desde 1971, ha tenido como cimiento las arenas movedizas del papel dinero.

Mientras no se reestablezca el uso de verdadero dinero en el mundo, ya sea de oro, de plata o de ambos, la civilización que hemos conocido está en peligro de desaparecer.

El Presidente de Rusia, Dmitry Medvedev, presentó ante los asistentes a la reunión de los Jefes de Estado del “Grupo de los Ocho” (G-8) una moneda, de la cual dijo que era la nueva moneda internacional. Aparece en la foto que sigue. Nótese que es una moneda de oro.

Tenemos por lo tanto, esperanzas de que al fin un verdadero Hombre de Estado tome la histórica decisión de reimplantar el oro como dinero. El ajuste mundial será doloroso, pero el retorno al dinero real es indispensable si nuestro mundo ha de seguir adelante.

La alternativa es demasiado terrible para considerarse.

Hugo Salinas Price, presidente de la Asociación Cívica Méxicana Pro Plata [1]

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