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España no puede sostener el endeudamiento de forma indefinida

(OroyFinanzas.com) – Desde hace unas semanas se han hecho populares conceptos como la prima de riesgo, el rescate, o incluso la quiebra de los estados como España. Los medios de comunicación hablan de situaciones insostenibles, rescates inminentes o actuaciones extraordinarias de bancos y gobiernos. Estas noticias preocupan a la ciudadanía, que no entiende muy bien los escenarios a los que se enfrenta.

Uno de los múltiples problemas actuales es que el sector público español está muy endeudado y conforme pasan los días, esta deuda en lugar de reducirse, o al menos mantenerse constante, va aumentando de forma descontrolada. Como consecuencia de ello, los mercados (= los prestamistas) no se fían demasiado de que España sea capaz de pagar sus deudas, y no quieren prestar más. Para animarles a prestar, España debe ofrecer un interés mucho mayor que otros países. De esta manera algunos sí arriesgan comprar deuda española. Este extra que pagamos sobre lo que pagan los demás europeos es la “prima de riesgo [1]”.

Hay acuerdo general en que esta situación no es sostenible [2] en el tiempo de forma indefinida. Existen varios posibles desenlaces, según las acciones que tomen los protagonistas, desenlaces que comentamos brevemente a continuación:

1.- La primera opción es equilibrar el presupuesto del Estado, o lo que es lo mismo, reducir el déficit. En los últimos años, y en la actualidad, el Estado gasta cada año unos 90.000 millones [3] más de lo que recauda. Para equilibrar las cuentas, el gobierno debería aumentar ingresos y reducir gastos en dicha cantidad. Las principales partidas para recortar son los sueldos del personal, seguridad social (= pensiones) y pago de deuda.

Para hacerse una idea, la reducción de 90.000 millones sería equivalente a sueldo de más de dos millones de funcionarios. Distribúyase este recorte en sanidad, educación, pensiones… Desgraciadamente, esta reducción de gasto produciría también una reducción de consumo de los nuevos parados (y por tanto de ingresos por impuestos), por lo que la reducción necesaria del gasto ya no sería de 90.000 millones, sino de bastante más.

¿Cuánto más? Sala-i-Martin lo estima en su blog [4] (párrafos finales) en otro tanto. Por supuesto también se pueden subir los impuestos. Sin embargo, en la situación de crisis actual, una subida de tipo impositivo desacelera la economía, sin recaudar mucho más. La subida del IVA en 2010 [5] del 16% al 18% supuso un incremento de recaudación de sólo 3.600 millones (que es un 4% de los 90.000 necesarios). Como se puede comprender, es difícil que el Gobierno adopte estas medidas por el descontento social y protesta que producen en la población. Pero es un escenario posible.

2.- La segunda posibilidad es el rescate. Consiste en que “alguien” preste a España dinero en abundancia. Con este dinero básicamente se consigue ganar tiempo, hasta que la economía mundial mejore y nos arrastre a épocas de crecimiento. Lógicamente ese “alguien” son los fondos internacionales, con dinero de otros países, que frecuentemente se simplifican en “Alemania”. Hay que entender que este rescate no sería a cambio de nada. Quien dé el dinero pondrá sus condiciones, que muy posiblemente sean similares a las que se describen en el punto 1. Esta solución no gusta a los ciudadanos españoles (con esta intervención los recortes vienen igualmente, y pierden la soberanía), ni a los ciudadanos alemanes (tienen que poner el dinero para el rescate).

3.- La tercera posibilidad es que el Banco Central Europeo (BCE) compre deuda española. Se diferencia con la anterior en que este dinero no lo tiene que prestar nadie, ya que el BCE puede crear el dinero de la nada (así es, aunque sea sorprendente). Es la opción favoriota [6] de los políticos españoles, que presionan a Mario Draghi para que compre deuda española. Tiene tres problemas. En primer lugar, la ley no permite al BCE comprar deuda de estados (lo cual no parece un problema para los políticos del sur de Europa). En segundo lugar, es una solución temporal, que infla todavía más la burbuja de deuda. En tercer lugar, esto crea inflación, a lo que se opone Alemania, que tiene muy presentes las consecuencias de la hiperinflación en los años 20 [7].

4.- Otra posibilidad es que el gobierno español decidiese salir del euro y volver a la peseta. En ese caso, habría una fuerte devaluación de la peseta (un 35%, predice Nomura [8]), con lo que se devaluarían las deudas (internas) y los salarios. Para llevarlo a cabo, sería necesario el celebre “corralito”, que los gobiernos anuncian siempre por sorpresa y en viernes por la tarde. De esta manera la ciudadanía aceptaría sin darse cuenta esta devaluación (=reducción) de salarios, a la que se opondría frontalmente en el escenario 1. Y lo más importante, el gobierno dispondría de un Banco de España y un Mario Draghi español obediente, que fabricaría todo el dinero que hiciese falta. Probablemente esto llevase a una inflación que compensaría en parte la devaluación de la vuelta a la peseta.

5.- Una última posibilidad es la suspensión de pagos. Si sigue el ritmo actual de gasto, y “nadie hace nada”, llegará un momento en que el Estado no pueda hacer frente a los pagos y simplemente… no pague. Dejaría de pagar en primer lugar la deuda exterior. No sería el fin de mundo, ni mucho menos [9], pero sí el fin de la financiación externa. Nadie prestaria dinero al Reino de España, por lo que debería seguir con alguna de las otras cuatro posibilidades.

Es difícil predecir cuál de ellas va a suceder, posiblemente el desenlace sea una combinación de varias. Para el ciudadano pagador de impuestos no es fácil decidir cómo protegerse en todos estos posibles escenarios. Sí diremos que los escenarios 3, 4 y 5 son posibles sólo en un sistema fiduciario [10], por lo que es posible protegerse de ellos protegiéndose de dicho sistema. En un sistema monetario con patrón oro [11], el futuro estaría más claro.

Tal vez haya otras posibilidades no contempladas más arriba, o aclaraciones a ellas. Si el lector así lo considera, puede ser su turno de comentario.

Antonio Cavero

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