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El Banco de Japón al servicio del gobierno hacia la inflación

(OroyFinanzas.com) – El Banco de Japón ya forma parte del comité de vigilancia e intervención en el mercado de deuda pública como un miembro más del gobierno. Esto, que no por esperado no es menos sorprendente, muestra hasta qué punto la independencia de los Bancos Centrales es papel mojado a día de hoy. La peor de las connivencias –la existencia de un circuito privilegiado de financiación entre el gobierno y el Banco Central– es algo normal y que a nadie llama a escándalo.

Lingote oro tanaka 1 gramo Japón con tres monos

La intervención del Banco de Japón se asemeja a una máquina que mantiene con vida a un enfermo terminal. El enfermo terminal es el gobierno japonés, el cual depende prácticamente al 100% de las intervenciones del BoJ para evitar que se produzcan subidas de los tipos de interés de la deuda y, por tanto, el endeudamiento público explote y provoque la quiebra del Estado.

El miedo a una escalada de los tipos de interés [1] se está conjurando por el momento. Sin embargo, el gobierno es preso de sus ciudadanos, los cuales son los mayores tenedores de bonos públicos. Si la burbuja en la Bolsa sigue hinchándose y el coste de oportunidad de mantener en cartera bonos públicos crece, los ahorradores correrán a deshacerse de los bonos públicos y comprarán acciones.

Sin embargo, que el gobierno esté preso de sus ahorradores domésticos no significa que estos últimos tengan el poder sobre el primero. Muy al contrario: si los tipos de interés de la deuda a largo plazo supera el 2%, el gobierno pondrá en marcha la máquina de la represión financiera [2] y como principales vehículos se establecerán restricciones de capitales [3], rescate de acciones en Bolsa o fortunas en el extranjero.

La primera cara de la represión financiera es, sin ir más lejos, la existencia de un circuito privilegiado de financiación entre el Estado y el Banco Central. Al igual que hizo la Fed a principios de la década de los cuarenta, la compra íntegra de títulos del gobierno por parte del Banco Central será la herramienta más eficaz para detener la escalada de los tipos de interés de la deuda a largo plazo y mantener sus precios a niveles artificialmente bajos.

No importa lo más mínimo que la inflación [4] suba o que se desate un proceso inflacionario más o menos claro. Se ocultará en las cifras oficiales y se exportará la inflación a zonas donde todavía no ha aparecido este fenómeno. En este sentido, tanto los Estados Unidos como China son maestros en la materia.

En un informe del banco BNP Paribas, la situación de Japón se compara con la de los Estados Unidos en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Uno de los ejemplos más claros es la actitud del Gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, el cual es perfectamente consciente de que está suplantando la acción de los mercados financieros y obviando su principal labor que es velar por la estabilidad de los precios.

Esta política suicida no tiene otra vía de salida más que la represión financiera. Sobre los ahorradores se aplicarán impuestos inflacionarios con los que reducir el peso de la deuda pública sobre el PIB y, mediante controles de capitales, reducir el riesgo de fuga de capitales.

Fuente: Zerohedge [5]

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