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El-Erian: El daño de los Bancos Centrales a sí mismos

(OroyFinanzas.com) – Mohamed El-Erian, CEO de Pimco, ha escrito recientemente un artículo en Project Syndicate acerca del prestigio y la reputación de los Bancos Centrales. Esta “marca” fue creada a principios de los años ochenta, cuando Paul Volcker puso todo su empeño en acabar con la inflación y creó un modelo extraordinario de credibilidad y reputación [2]. Los agentes, desde entonces, creyeron en los anuncios de la Banca Central y vieron cómo todos los objetivos que se planteaban se cumplían.

Las armas que utilizó Volcker no eran otras que la independencia frente al poder político, la puesta en marcha de severas reglas de crecimiento monetario, disciplina en la regulación y simplificación de los controles financieros. En este sentido, el Banco Central se convirtió en una marca con señas de identidad propias.

La marca es, en el fondo, un símbolo que representa la ventaja competitiva de una empresa frente al mercado. El sostenimiento de una marca, a lo largo del tiempo, exige de prestigio, cumplimiento de los compromisos, disciplina, liderazgo y expansión continua de los mercados. Para una empresa, el sostenimiento de su marca es el primer punto de su política empresarial y por lo que trabaja sin cesar todos los días.

Lamentablemente, la marca “Banco Central” ha ido diluyéndose hasta que ha acabado destruida, pisoteada y enterrada. Atrás quedan los tiempos en los que los banqueros centrales cumplían sus compromisos, suministraban la liquidez que se necesitaba en la economía y estaban alejados del poder político. En este momento, la peor de las reacciones que tienen los mercados frente a las autoridades monetarias es la desconfianza. Si la desconfianza se une al temor, entonces se convierte en un círculo vicioso de muy difícil salida.

Los Bancos Centrales creen que manejan información que no está a merced de los agentes. Por ello, creando inflación pueden hacer que crezca la producción y el empleo y sacar a las economías de la recesión. Sin embargo, vuelven a errar al no considerar las expectativas de los agentes económicos. Nuevamente, explotar relaciones empíricas basadas en expectativas termina en la ruptura de dichas relaciones. Por ejemplo, la relación positiva entre inflación y producción se ha roto, tal como pronosticaba el gran economista Robert E. Lucas en su famosa Crítica de Lucas.

La arrogancia de los Bancos Centrales, unida a su falta de independencia, han acabado empujando a los mercados a una burbuja y ha disparado la acumulación de deuda [3]. Con ello, se ha dado el tiro de gracia a la “marca Banco Central”, antaño prestigiosa y reputada. Destruir es muy sencillo; construir va a ser una tarea que, en estos momentos, es francamente imposible.

Fuente: Project Syndicate, Mohamed El-Erian [4]

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