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El Sistema Nacional de Salud (SNS) de España en la comparativa internacional

(OroyFinanzas.com) – La cobertura sanitaria pública en España está organizada en torno al Sistema Nacional de Salud (SNS), creado a mediados de los 80. Como el National Health System británico en el que se inspiró, el SNS fue creado con vocación de universalidad, es decir, con la aspiración de proporcionar aseguramiento sanitario público a todos los residentes en territorio español, con independencia de su participación en el mercado de trabajo. Y así ha sido hasta fechas muy recientes, en que se ha decidido excluir de la cobertura a los extranjeros sin permiso de residencia y a los españoles de rentas altas.

Desde la implantación del SNS, el crecimiento del gasto sanitario ha sido una preocupación importante para los gestores públicos nacionales y autonómicos (recordemos que la prestación efectiva de los servicios sanitarios está descentralizada a las Comunidades Autónomas), debido a que se trata de una de las partidas de gasto más dinámicas de todo el presupuesto. Naturalmente, la preocupación por la sostenibilidad del gasto sanitario se ha acentuado con la crisis económica y la caída de los recursos públicos derivada de aquella. Es frecuente escuchar o leer argumentos que afirman que tenemos un sistema sanitario ineficiente, que despilfarra recursos y que no es sostenible en el tiempo con su actual configuración. Pero, ¿es el caso español una excepción en el ámbito internacional? ¿O más bien podemos decir que “en todas las casas se cuecen habas”? Veamos algunas cifras.

España dedica un 9,3 por ciento de su Producto Interior Bruto al conjunto del sistema sanitario (público y privado), situándose en la media de los países de la OCDE. Cifras relativamente similares a las de países de nuestro entorno como Reino Unido (9,4), Dinamarca (10,9), Francia (11,6), Alemania (11,3), Grecia (9,1), Italia (9,2) y Portugal (9,2), y muy alejadas en cambio de las de EEUU (17,7). Del total de gasto sanitario, el sector público gestiona el 73 por ciento, siendo el 27 por ciento restante gasto de carácter privado (copagos, aseguramiento privado, etc.) De nuevo, estas cifras nos colocan en la media de la OCDE, aunque en este caso el rango de variación es mucho mayor. En un extremo, el gasto sanitario público de EEUU representa sólo el 47,8 por ciento del total, mientras que Canadá y la mayor parte de los países de la Unión Europea presentan cifras muy superiores: Reino Unido y Dinamarca por encima del 80 por ciento y Grecia y Portugal en torno al 65 por ciento.

Hasta aquí, hemos hablado de la foto fija, pero ¿qué pasa con la evolución del gasto? ¿Es realmente tan rápido el crecimiento que ponga en peligro la sostenibilidad del presupuesto? En el periodo 2000-2011, el gasto sanitario público español creció un 4,5 por ciento, algo por encima de la media de los países de la OCDE (4,1). En este caso, nos situamos en cifras similares a las de EEUU (5), Reino Unido (4,9) y Canadá (4,1). Por su parte, los crecimientos fueron algo más modestos en Dinamarca (2,9), Francia (2,2), Alemania (1,6), Grecia (3,2), Italia (2,3) y Portugal (1,1). Si se analiza la serie año a año, se observa que el gasto sanitario aumentó más deprisa que el PIB en todos los ejercicios de crecimiento económico positivo. Con el arranque de la crisis, la caída en el gasto también fue notablemente superior a la reducción del PIB.

¿Qué sistema sanitario esconden todas estas cifras que acabamos de comentar? Si nos vamos a la información relativa a los medios físicos y humanos del SNS, nos encontramos con que España (4,1) está, junto a Grecia, Italia y Portugal, algo por encima de la media de la OCDE (3,2) en el número de médicos por cada 1000 habitantes, y bastante por debajo de la media, con los mismos países, en el número de enfermeras (5,5 frente a 8,7). Por lo que se refiere al número de camas hospitalarias por cada 1000 habitantes, el SNS, con 3,2, se sitúa por debajo de la media de la OCDE (4,8), junto a EEUU, Reino Unido, Canadá, Dinamarca, Italia y Portugal.

¿Es el SNS eficaz en el aseguramiento frente a la enfermedad? Los principales indicadores socio-sanitarios apuntan a que sí: a modo de ejemplo, España se coloca en los primeros puestos del mundo en esperanza de vida al nacer (sólo por detrás de Francia y Japón), y en la tasa de mortalidad infantil. Naturalmente, ambas magnitudes dependen de otros factores no vinculados al sistema de cobertura sanitaria, y más relacionados con los hábitos y estilos de vida, pero podemos afirmar que el diseño y funcionamiento del SNS tienen algo de responsabilidad en esos indicadores.

Así pues, volvamos a la pregunta inicial, ¿es el español un caso especial? Con carácter general, nuestro sistema sanitario público está en la línea de los países que nos rodean, tanto por lo que se refiere al volumen de gasto, como por lo que se refiere a los medios humanos y físicos disponibles. Además, parece que está contribuyendo a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, si nos atenemos a las cifras de mortalidad y esperanza de vida. Seguramente, el talón de Aquiles del SNS sea la evolución del gasto –debida a la progresiva medicalización de la población, al envejecimiento relativo, a la aparición de nuevas (y más costosas) herramientas de diagnóstico y tratamiento, etc.-, que en la mayor parte de los ejercicios ha crecido a ritmos más elevados que los recursos públicos. Es ésta la principal justificación de los gestores públicos a la hora de acometer reformas en el sistema sanitario público. Ahora bien, los gobernantes no deberían perder de vista la valoración altamente positiva que los ciudadanos hacen del SNS y de su cobertura (casi) universal que aparece reflejada en todas las encuestas. Por su propio bien y por el de los ciudadanos.

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