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Escarabajos del oro de inversión y cucarachas bursátiles

(OroyFinanzas.com) – Se suele llamar «escarabajos de oro» (gold bug en inglés) a quienes invierten en oro, si bien el apodo es despectivo. Marc Faber lo explicó muy bien: un escarabajo es un insecto. Las palabras escarabajo o insecto tienen connotaciones negativas. Llamar escarabajo de oro a la persona que invierte en oro es como llamar «cucaracha bursátil» a la que invierte en acciones. No es más que una forma de cerrar en falso lo que para muchos es un muy necesario debate sobre la conveniencia de incluir el oro en los porfolios de inversión. Es el triunfo de la retórica sobre los argumentos.

Una nueva definición del «escarabajo de oro»
El significado del término «escarabajo de oro» ha cambiado drásticamente a lo largo de los años. Antes, en vez de ser una forma despectiva de referirse a cualquiera que invirtiese en oro, el apelativo se reservaba a un tipo de inversor diferente. Sin embargo, la acepción más común hoy en día es la otra, como ilustra lo que el legendario inversor Charlie Munger dijo a propósito de quienes invierten en oro: «El oro está muy bien para cosértelo a la ropa si eres de una familia judía de Viena en el año 1939, pero la gente civilizada no lo compra».

Está claro que Munger obvió que existen tipos distintos de inversores en metales preciosos y que su consejo valdría de poco a la mayoría, una mayoría que por lo general no consigue batir o igualar siquiera al mercado, más bien todo lo contrario; una mayoría que, al carecer del talento de Munger, continuamente obtiene rendimientos inferiores a los del mercado. Y dado que muchos índices bursátiles estadounidenses y europeos no levantan cabeza desde el año 2000 —NASDAQ: -14,7% (-1,17% anualizado), S&P 500: +21,7% (1,47% anualizado)— no pocos habrán visto cómo la depreciación de la moneda y los impuestos se comían parte de su riqueza. Hablar de una «década perdida» para la bolsa no sería exageración.

Si esta gente civilizada hubiera comprado oro, habría acumulado—incluso a fecha de hoy— un rendimiento superior al 300%, equivalente a un rendimiento anualizado por encima del 8%, pese a haber cometido el pecado mortal de comprar lo que para algunos sigue siendo «una reliquia bárbara».

El oro no siempre es una buena inversión
No obstante, el inversor concienzudo debería reconocer que el oro no siempre ha sido una buena inversión. Es innegable que quienes compraron oro en 2011 tienen pocos motivos para estar contentos, si bien es posible que el valor de su inversión aumente en el futuro. Nadie negará tampoco que el oro resultó una pésima inversión por espacio de veinte años desde el pico alcanzado en 1980.

Veinte años son la cuarta parte de una vida. Mucho tiempo. Como era de esperar, los inversores inteligentes evitaron el oro durante esas dos décadas para disfrutar de uno de los periodos alcistas más largos que se han conocido en la bolsa. Veinte años son la diferencia entre hacerse millonario y tener una pensión mediana; entre acumular baratijas y disfrutar de un tesoro.

Los verdaderos escarabajos de oro
El apelativo de escarabajo de oro debería reservarse para otra clase de inversor. Cuando los precios del oro caen, algunos culpan a la manipulación del sistema y otros a los mercados de futuros o a ambas cosas. Aún otros sostienen que el rendimiento no debería calcularse en términos de dinero fiat [2] y que las pérdidas no realizadas, independientemente de su cuantía, carecen de importancia porque el oro es dinero. Sin embargo, el oro no es dinero. Dinero es todo medio de intercambio comúnmente aceptado, pero si voy a la frutería y quiero pagar con oro, no podré. El oro es un activo; un activo especial de características particulares, pero no es dinero de curso legal. Cabe imaginar que pudiera utilizarse en el futuro para respaldar el papel moneda, pero es poco realista que semejante iniciativa parta de los políticos o los gobiernos. Dicha medida sólo pueden impulsarla los votantes, cosa bastante improbable en el corto plazo. Solamente una crisis general del sistema monetario podría llevar a los ciudadanos a exigir el regreso al patrón oro en alguna de sus variantes.

Los precios del oro fluctúan igual que los de cualquier otro activo. El oro es a veces una buena inversión y a veces no, como cualquier otro activo. Las pérdidas en euros (o en dólares) importan, como en cualquier otro activo.

El dinero fíat es lo que tenemos (por ahora)
Muchos aducen que hay que comprar oro porque se avecina el final del dinero fíat (papel moneda). Pero dinero fíat es lo que tenemos, al menos por ahora, y no podemos concluir que sistema monetario basado en el dinero de papel vaya a hundirse simplemente porque el mundo esté sumido en un abismo de deuda. Sí es bastante realista esperar que tarde o temprano veamos quitas de deuda, países que se declaran en quiebra y monedas que desaparecen. Nada que no se haya repetido ya a lo largo de la historia, al fin y al cabo. Pero eso no significa que los días del dinero fíat estén contados. Lo más probable, a mi modo de ver, es que algunas monedas fíat salgan fortalecidas y otras sucumban a la crisis del sistema.

¿Hay que estar siempre invertido en acciones?
Igual que el oro a cualquier precio no es una buena inversión, las acciones tampoco. Podríamos llamar «cucarachas bursátiles», en oposición a los «escarabajos de oro», a quienes ponen toda su fe en los mercados de valores independientemente del precio y del valor de las acciones (y, por ende, de que puedan estar sobrevaloradas o infravaloradas). Dadas las valoraciones actuales, comprar acciones estadounidenses o europeas es contraproducente.

Al final, el mayor o menor atractivo de una inversión, ya sea oro o acciones en general, depende de la relación entre su precio y su valor. Ni el oro ni las acciones son buenas inversiones per se. Unas veces el oro bate a las acciones y otras veces es todo lo contrario.

Teniendo en cuenta los niveles mundiales de deuda y las valoraciones actuales de los mercados bursátiles, el oro es una buena inversión y la bolsa no. Le invito, querido lector, a no ser ni escarabajo de oro ni cucaracha bursátil. Sea un inversor inteligente. Y, por ahora, un inversor inteligente evitaría estar en acciones y tomaría posiciones en metales preciosos.

por Olav Dirkmaat [3] de GoldRepublic [4]

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