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La utilidad de los objetivos de inflación para los bancos centrales explicado por el ex-presidente del Bundesbank

(OroyFinanzas.com) – En las últimas dos décadas, los principales bancos centrales -incluida la Reserva Federal (el Banco Central de Estados Unidos), el Banco Central Europeo (BCE) o el Banco Central de Suiza- han convertido los objetivos de inflación, en un instrumento predominante dentro de sus políticas monetarias. Pero transcurridos siete años de la crisis económica mundial de 2008, surgen las primeras dudas sobre la eficiencia real de estas medidas.

El Banco de Pagos Internacionales de Basilea [2]mantiene la postura de que estos objetivos de inflación son incompatibles con la estabilidad financiera. Si no se toma en cuenta el ciclo económico, la consecuencia será una política monetaria excesivamente expansiva [3] y asimétrica. Sin embargo, los defensores de los objetivos de déficit muestran satisfechos el descenso de la inflación ocasionada desde principio de los años 90 como la clara demostración  del éxito de este instrumento. Sin embargo, Axel A. Weber, ex-presidente del Bundesbank alemán (el Banco Central de Alemania), señala que esta “desinflación, en realidad, comenzó a principios de 1980, gracias a los esfuerzos concertados del entonces Presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker. Y, a partir de la década de 1990 en adelante, la globalización – y en particular, la integración de China en la economía mundial – ha sido probablemente la razón principal de la disminución de la presión inflacionaria mundial”.

Una realidad en la que todos están de acuerdo es que el objetivo original de los bancos centrales no fue nunca buscar la estabilidad de precios para el consumidor. De hecho, la mayoría de estas instituciones fueron fundadas cuando ni siquiera existen los índices de precios al consumo. La mayoría de los bancos centrales importantes del mundo se establecieron para proporcionar un mejor financiamiento a los gobiernos en tiempo de guerra, ampliándose luego su papel a prestamista de última instancia. Así que no fue sino hasta el periodo inflacionario de 1970 que los bancos centrales descubrieron la conveniencia de mantener el valor del dinero estable. Y a ese objetivo emplearon nuevas medidas.

¿Cuál es la mejor forma de medir el valor del dinero?

Una tendencia se fija en los precios, con el índice de precios al consumo como el indicador más evidente. El problema es que la relación entre la oferta de dinero -que en última instancia determina el valor del dinero- y los precios es inestable. Para Weber, “el tiempo que transcurre entre los cambios en la oferta monetaria y los movimientos de los precios es largo, variable es impredecible. Ante esto, la orientación de los precios de consumo en los próximos 2-3 años no garantiza que el valor del dinero se mantenga estable en el largo plazo”. Sin tener en cuenta, además, los métodos empleados en la recogida de precios o en la selección de los bienes susceptibles de estudio. “En resumen, la política monetaria se ha formado por un subconjunto impreciso y pequeño de precios que servían para largos y variables periodos de cambio en la oferta monetaria”. Y de esta forma, el esfuerzo de formular políticas monetarias para llegar al objetivo de asegurar que el valor del dinero se mantiene estable “ha adquirido, desafortunadamente, vida propia”, hasta el extremo de que en manuales de economía de hoy en día se asume con naturalidad que un objetivo primordial de los bancos centrales es estabilizar los precios al consumidor, más que el valor del dinero. En este mismo sentido, “los economistas ahora entienden la inflación como un aumento de los precios de consumo, no como una disminución en el valor del dinero resultante de un aumento excesivo de la oferta monetaria”.

Para Weber, aunque la estabilización de precios a través de los objetivos de inflación es una meta loable, los bancos centrales no tienen la capacidad de lograrlo. Y un enfoque exclusivo de los bancos centrales en los precios al consumidor,  puede ser contraproducente. “Cuando se socava la asignación eficiente del capital y se fomentan malas inversiones, la política monetaria distorsiona las estructuras económicas y puede acabar sembrando las semillas de una futura inestabilidad en el valor del dinero”.

Dentro de una economía compleja y en constante evolución, un objetivo de inflación simplista no puede estabilizar el valor del dinero. “Sólo un enfoque de política monetaria igualmente compleja y altamente adaptable puede lograrlo”. Así que la estabilidad de precios al consumidor en el corto plazo no garantiza la estabilidad económica, financiera o monetaria. Por eso dice Weber, “es hora de que los bancos centrales acepten este hecho y adopten un enfoque de la política monetaria más amplia y de más largo plazo para asegurar la estabilidad del dinero también a largo plazo”.

Fuente: project-syndicate [4]

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