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¿Cuál es el índice de inflación que tenemos que utilizar para medir nuestro poder adquisitivo?

(OroyFinanzas.com) – La inflación es algo que la mayoría de las personas identifican con un aumento del Índice de Precios al Consumo (IPC) aunque la mayoría de la población no sepa muy bien que es la inflación, pero existen otros índices que ofrecen una perspectiva distinta sobre cómo actúa la inflación en los precios. Hay índices paralelos que utilizan otros indicadores, como pueden ser las características demográficas o índices centrados en el estudio exclusivo de bienes y servicios de uso diario.

La inflación en términos generales es una subida general de los precios, la dificultad reside en identificar a que precios nos referimos para valorar su importancia y entender las causas de la inflación que siguen siendo un tema de disputa entre los economistas de diferentes escuelas.

Los precios suben con el transcurso del tiempo, pero no todos los precios suben al mismo ritmo. Así que para tener una idea del ritmo general de los aumentos en los precios, se suele combinar generalmente múltiples artículos en una sola cesta, creando un índice de precios único. La medida de este tipo más utilizado es el Índice de Precios al Consumo (IPC) elaborado por la Oficina de Estadísticas Laborales (EE.UU.) o el Instituto Nacional de Estadística de España, que combina los precios de cientos de bienes y servicios adquiridos por los hogares estadounidenses o españoles de ámbito urbano. De acuerdo con el IPC, en abril 2015 los precios subieron un 0,1%, y durante los 12 meses anteriores a abril habían caído un 0,1% en EE.UU.

Sin embargo, la experiencia real de una persona determinada puede ser muy diferente de lo que arrojen estos índices porque los precios del IPC vienen dados por un gran número de bienes y servicios, y el promedio de todos ellos. Por ejemplo, dentro del IPC estadounidense se obtiene el costo de la vivienda al promediar el coste de ser propietario de una casa con el coste de alquilar una. Una estadística que también sirve para establecer el porcentaje de estadounidenses que tienen casa frente a los que alquilan.

Para tener en cuenta esta y otras diferencias entre las personas, el Banco de la Reserva Federal de Atlanta ha creado myCPI, una herramienta que personaliza el IPC nacional, teniendo en cuenta estas seis características: tamaño del hogar, sexo, edad, ingresos, nivel de educación, y si se es el arrendatario o el dueño de la casa. Si cogemos este nuevo indicador, veremos cómo varios grupos experimentan tasas de inflación diferentes debido a sus diferentes patrones de gasto. Por ejemplo, las personas mayores de 55 años tienden a gastar más en atención médica que los más jóvenes, y de la misma forma, los gastos médicos tienden a aumentar más rápidamente que otros precios. Con estos parámetros, el myCPI [2] muestra una inflación más alta para una mujer de 55 años de edad que de lo que se desprende en otras categorías.

Otro indicador es el que se publica en el American Institute for Economic Research-AIER desde 2012, y que se actualiza de forma diaria. De esta forma, todos los días, el Índice de Precios del AIER (conocido como PAI) incluye sólo los precios de los bienes y servicios que se compran con frecuencia y cuyos precios no puede ser fijado por un contrato a largo plazo. Es decir, se referencian las compras que son difíciles o imposibles de aplazar, y cuyos precios no pueden ser corregidos por un contrato a largo plazo. Son lo que podríamos llamar productos o servicios de uso diario tales como alimentos, gasolina, servicios públicos, suministros de limpieza, productos de higiene personal, y similares. La gente tiene que comprar estas cosas sobre una base regular y pagará cualquier precio por el intercambio en el acto. De esta forma, con este índice, se excluyen los precios de los artículos caros y que pueden ser prescindibles o demorarse su compra, tales como automóviles, electrodomésticos o bienes muebles. También queda excluido el coste de la vivienda –ya sea alquiler o hipoteca-, porque las condiciones suelen estar fijadas contractualmente a medio o largo plazo.

Los aumentos de precios en estos productos de uso diario son particularmente doloroso para los presupuestos familiares por ser en cierta forma imprescindibles. Así que los nuevos precios se asumen cuando se producen. Por tanto, conocer la evolución de estos precios del índice API puede resultar más útil para las personas a la hora de planificar sus presupuestos domésticos.

Si contraponemos los datos de la inflación de precios de todos los días -tal como se refleja en el PAI-, nos muestra una mayor  volatilidad que la padecida por los datos de la inflación basada en el IPC. Esto significa -y en cualquier grupo demográfico- que la planificación de los presupuestos familiares –acorde con el índice PAI- es en realidad mucho más costosa que lo que se refleja en el IPC en el caso de EE.UU.

El índice establecido mediante el IPC sirve a la hora de capturar las tendencias de los precios de la economía en general pero puede no ser el mejor instrumento para evaluar la propia experiencia de cada uno de nosotros con los precios. El PAI, en cambio, no tiene como objetivo captar la tendencia en el nivel general de precios, sino que se centra en los precios que pueden ser más importantes para las personas en la planificación de sus gastos del hogar. Así que a la hora de utilizar uno u otro, los propios usuarios deberían buscar las herramientas que mejor puedan adaptarse a sus perfiles y que reflejen una realidad más cercana de lo que está ocurriendo con la inflación y por tanto su poder adquisitivo.

Fuente: AIER [3]

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