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En Perú y Colombia los carteles ganan más dinero exportando oro de la minería ilegal que vendiendo cocaína

(OroyFinanzas.com) – El crimen organizado en el mundo y el uso del oro para el blanqueo de capitales es una de las temáticas que podríamos escuchar de forma más recurrente en los próximos años, de forma similar a como se asocia en la actualidad el Bitcoin. Eso sí, sólo por algunos medios de comunicación que no tienen periodistas preparados o con el tiempo necesario para entender el protocolo Bitcoin [2] o el Sistema Monetario Internacional [3] y buscan, más que nada, maximizar el número de clicks a sus webs. Independientemente de que el precio del oro suba o baje, el oro como activo podría convertirse en víctima de ataques por parte de los Gobiernos porque permite a las personas y empresas operar fuera de la red digital. Además no es un activo rastreable porque puede fundirse el oro todas las veces que uno quiera y cambiar así su forma. Por eso, todos aquellos activos que dificulten las políticas diseñadas para resolver el problema de la burbuja de la deuda [4], con los tipos de interés negativos u otros instrumentos [5], estarán en el punto de mira.

El crimen organizado en América Latina, explican en un artículo de Business Insider [6], gana su dinero, desde hace tiempo, con el narcotráfico pero en los últimos años los cárteles han empezado también a interesarse por la minería ilegal de oro como fuente de financiación, tras la subida el precio del oro desde el año 2000.

En Perú y Colombia, los cárteles ganan más dinero exportando oro de la minería ilegal que vendiendo cocaína. El 80% del oro minado en Colombia y el 90% del oro minado en Venezuela procede de minas ilegales, según un informe de “Global Initiative Against Transnational Organized Crime”.

En las minas de oro ilegales, los trabajadores trabajan en condiciones extremadamente peligrosas y además se fomenta la prostitución para atender a los trabajadores de la zona con la explotación de las mujeres y niñas que habitan en las cercanías de esas minas.

Los propietarios de las minas de oro ilegales colaboran con traficantes de personas y en Colombia algunas minas son gestionadas directamente por las FARC.

Otro de los efectos colaterales es el impacto medioambiental con el uso del mercurio para separar el oro de los sedimentos y que contamina el agua, suelo y aire de alrededor de las minas [7]. La minería ilegal contribuye también a la deforestación del Amazonas.

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