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¿Está la iniciativa china One Belt, One Road (OBOR) condenada al fracaso?

(OroyFinanzas.com) – China ha apostado con fuerza por una iniciativa única y multimillonaria que rememora la antigua ruta de la seda y pretende construir infraestructuras y vías de comunicación que puedan revolucionar el comercio internacional aunque desde occidente hay quien augura el fracaso del proyecto.

En el año 2013, China reveló al mundo su propósito de recuperar la mítica ruta de la seda, y destinar ingentes cantidades de dinero para realizar grandes inversiones en infraestructuras, tanto terrestres [1] como marítimas [2] para conectar China con Europa a través de Rusia [3], Asia Central y Oriente Medio e impulsar, así, el comercio internacional. Una parte del proyecto conectaría estas regiones por vía terrestre, a través, sobre todo, de nuevas vías ferroviarias y carreteras. La otra parte del proyecto se centraría en la construcción de infraestructuras que favorecieran el comercio marítimo, estableciendo más puertos chinos en los países sobre los que discurre esta ruta marítima. Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, cerca del 80% del volumen del comercio mundial se concentra en los mares del planeta.

En abril de 2015 el gobernador del banco central chino, Zhou Xiaochuan, confirmó una primera inversión de 40 mil millones de dólares para iniciar el proyecto [4], y en noviembre de 2016 nuevas inversiones –en tono a los 10 mil millones de dólares- [5] fueron dirigidas a los países del este de Europa. Enormes cantidades de dinero que sólo constituyen una pequeña parte de las estimaciones finales de este ambicioso plan chino, que ronda aproximadamente el billón de euros en inversiones.

Sin embargo, desde la perspectiva occidental –estadounidense sobre todo-, los ambiciosos planes chinos no son tomados muy en serio [6] ni se augura un futuro prometedor por cuestiones fundamentalmente geopolíticas. De Eurasia destacan su estado permanente de crisis. Y Asia central es señalada como uno de los lugares políticamente más inestables del mundo y poco proclive para surja un mercado donde predominen los productos chinos.

Pero lo cierto es que los chinos continúan con sus planes. Transcurridos cuatro años desde el inicio del ambicioso plan, China ha logrado firmar acuerdos para construir puertos en Myanmar y Sri Lanka, pero no ha tenido una respuesta similar en Bangladesh, que en 2016 optó por aceptar una oferta de Japón en su lugar. Y recientemente se han apuntado un nuevo éxito en Yibuti, como señalábamos hace unos días [7]. A pesar de esto, la perspectiva estadounidense no varía y siguen considerando exagerados los planes chinos. La construcción de puertos no proporcionará a China bases permanentes para sus destructores o ejércitos terrestres ni parece que los países citados se avengas a hospedarlos por el momento. Y lo que consideran más importante, la marina china aún no es capaz de desplegarse en operaciones de largo plazo en países alejados del continente.

Así que para los más críticos, la iniciativa china está mal definida y creen irrelevantes los avances logrados en estos cuatro años y, aún de culminar con éxito los planes chinos, tampoco se cree que pueda ser un elemento desequilibrador dentro del actual estatus quo de poder global.

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