(OroyFinanzas.com) – Un producto financiero básico en cualquier mercado actual son los derivados. Estos derivados pueden tener como subyacentes acciones, bonos, índices, materias primas,… y por supuesto metales preciosos. Tanto el oro como la plata presentan productos derivados en los principales mercados del mundo. Por ese motivo los explicaremos aquí. Siempre que hablemos de “el subyacente”, pensemos en nuestro caso en una onza de oro.

Productos más de especulación que de inversión, por su propia naturaleza presentan variaciones muy grandes en sus cambios. Ideales para el trading y tomar posiciones a muy corto plazo (intradía, frecuentemente) son los productos con los que más se puede ganar (y perder). Rentabilidades en una sesión del 15%-20% (positivas o negativas) se presentan frecuentemente.

Toda precaución para el neófito es poca, y es suicida poner dinero en estos productos sin una experiencia básica en el mercado de acciones y en análisis técnico bursátil. La principal limitación para el principiante es la dificultad para limitar la posible pérdida. Esperando que la posición se recupere, el neófito sigue mirando embobado la pantalla, esperando algún milagro y viendo cómo su valor se hunde cada vez más, sin saber qué hacer. En pocas horas (o minutos), el valor de su inversión puede haberse reducido drásticamente, si no se toman las medidas de protección básicas. De todos modos, según el profesor Enrique Rojas, “el sufrimiento es la forma suprema de aprendizaje”. Si alguien se aventura sin conocimiento previo por este camino, por favor, que lo haga sólo con el dinero que le sobre.

Expuestas las precauciones anteriores, explicaremos qué son los derivados. Así como una acción bursátil es “un trocito” de una sociedad anónima, un derivado es un contrato entre dos partes. Un contrato que, una vez establecido, se puede comprar y vender a terceros. De hecho lo que cotizan en el mercado son contratos, y el precio cotizado es el del contrato. Existen dos tipos principales de derivados: futuros y opciones. Explicaremos hoy el primero.

En el caso de un futuro, en este contrato las dos partes se comprometen a realizar una compraventa de un activo concreto (por ejemplo una onza de oro), en una fecha determinada (por ejemplo, el 23 de marzo), a un precio determinado (al que cotiza en ese momento el futuro). El contrato es vinculante para las dos partes y la única manera de quedar libre de él es vender el contrato a un tercero antes de la fecha de vencimiento. Cuando en un mercado se emiten futuros, estos se emiten ya con una fecha de vencimiento determinada, la misma para todos los inversores. En nuestro ejemplo, el 23 de marzo deberé satisfacer mi compromiso. En la práctica, pocos inversores mantienen sus contratos hasta vencimiento. De hecho, muchas firmas de inversión obligan a sus clientes a liquidar posiciones un par de días antes del vencimiento para determinados productos. Al final en el mercado quedan quienes están interesados en compraventa real del bien, y aquellos con temple suficiente para aguantar las posiciones hasta unos minutos antes del vencimiento. En estos minutos, que en el argot se denominan “hora bruja”, es cuando se producen la mayores variaciones de precio y son sesiones de infarto.

Cómo se liquida el contrato depende del tipo de subyacente. Si este es un activo financiero (una acción, por ejemplo), se realizan los apuntes necesarios en cuenta y se liquida sin más. Hay otros activos más problemáticos, que son los que se denominan “con entrega física”. Por ejemplo, ¿qué pasa si llego a vencimiento con el compromiso de comprar 1000 barriles de petróleo, que están depositados en Oklahoma?¿Cómo me los traigo a mi casa? Es por ese motivo que en este tipo de activos se suele obligar al inversor a cerrar la posición horas o días antes del vencimiento.

En la práctica el mercado tiene al mismo tiempo futuros sobre el mismo subyacente con varias fechas de vencimientos. Por ejemplo, se puede adquirir un contrato de compra de una onza de oro con vencimiento el 23 de marzo, o bien el 23 de abril. Se trata de productos distintos, no intercambiables, que tendrán en general precios distintos. Si cuando llega el vencimiento del futuro deseo mantener una posición, puedo vender el futuro (por ejemplo el de marzo) y comprar uno de vencimiento posterior (por ejemplo de abril). A esto se llama “rollover”, algunas veces se hace de forma automática (por ejemplo lo hacen los ETFs que tienen derivados en su cartera). En el rollover hay un gasto por comisiones de compraventa, y en general pagaremos una diferencia entre ambos futuros (recordemos que su precio es distinto).

En nuestro próximo artículo explicaremos el aplancamiento y las posiciones largas y cortas con futuros.

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Marion Mueller es la fundadora y co-editora de OroyFinanzas.com desde 2004.